Explicar la muerte a los niños
Extracto del artículo publicado en La Vanguardia el 19 de febrero de 2012
Explicar la muerte a los niños
Texto de Ana Valls
Ilustración de Antonio Ballesteros
La muerte es un hecho común, como también lo es que genere una gran desazón. Muchos adultos quieren proteger a sus niños de ese sufrimiento y les ocultan, por ejemplo, el fallecimiento de un familiar. Los expertos aconsejan que no se actúe así. Es mejor explicar a los pequeños lo que ha sucedido, pero con palabras que puedan comprender, despejando los temores que puedan sentir y arropándoles con cariño
“El abuelo se ha ido de viaje”; “en este momento no puedes hablar con él, ya le verás más tarde”; “la abuela está en el cielo con los ángeles”. Son algunas de las respuestas que un gran número de progenitores da a unos curiosos y preocupados hijos que no entienden muy bien qué ha pasado con su abuelo, abuela u otro familiar y por qué están todos tan tristes a su alrededor.
La muerte tanto de un ser querido genera una tremenda desazón, cuando no miedo o pánico, y hace que cada uno sea más consciente de su mortalidad. En el caso de los niños, el duelo se vive de forma muy distinta dependiendo de la edad y la forma en que los padres o cuidadores comunican la información. Y es que hasta los progenitores más resueltos pasan por un mal trago y recurren a manidos clichés que sólo confunden aún más a los pequeños, teniendo además que lidiar con sus sentimientos de tristeza y dolor.
Paloma Rosado, encargada de los talleres para niños en situación de duelo de la Asociación madrileña Alaia, señala que el deseo de los padres de proteger a sus hijos es tan grande que se intenta por todos los medios evitar que estén expuestos a cualquier dolor o sufrimiento, “cuando hay procesos para los que deberíamos prepararles”.
Ante la muerte de un familiar, los niños reaccionan de maneras muy distintas y es importante que los padres estén preparados. New York Life, una de las aseguradoras norteamericanas con más renombre en el sector, publicó un folleto informativo donde se dan algunas claves para conocer cómo pueden responder los más pequeños ante la muerte.
Entre los sentimientos más comunes está la culpabilidad. Los niños temen ser responsables de la muerte acaecida e incluso, como afirma Paloma Rosado, “cuando tienen entre dos y cinco años, momento en que se desarrolla el pensamiento mágico, pueden llegar a creer que el haberse enfadado mucho con la persona fallecida ha podido causarle la muerte”.
Cumplidos los seis años, los niños empiezan a asimilar la idea de que quien muere no va a volver, y a partir de los ocho, interpretan la situación de un modo más preciso. Por ello, la experta recalca la importancia de dar una información clara, veraz y concisa: “Nunca se debe mentir ni decir que la persona fallecida ‘se ha ido de viaje’. Es importante que sepan desde el principio que ha muerto y que no va a volver”.
En el caso de las familias que creen en una vida después de la muerte, lo ideal es respetar dichas creencias, pero “siempre explicando el proceso real y físico que conlleva el fin de una vida”. Todo ello, con palabras que el pequeño pueda comprender.
Para transmitir esta información hay que generar una situación “lo más acogedora posible”, indica Rosado, “sin interrupciones, aceptar la respuesta del niño sea cual sea, dejándole que se exprese, y actuar como filtro de las emociones que siente y que pueden desbordarle”.
Otro dato en que concuerdan New York Life y la Asociación Alaia es la importancia de que los adultos, padres, parientes o amigos no escondan su dolor y expresen su tristeza, “siempre que no sea de un modo desconsolado”, puntualiza la experta de la asociación española. “Eso les enseña que ellos también pueden llorar delante de los demás”, añade. “Es bueno –dice– hacerlo juntos y abrazados, sin caer en la autocompasión y sin que se alargue demasiado en el tiempo”.
En cuanto a si el menor debe asistir al entierro o funeral, los expertos concluyen que sería la opción más acertada. Los pequeños, como se transmite en el informe de la aseguradora americana, “necesitan saber que no se les va a excluir en este proceso y que van a poder despedirse de forma adecuada”. Para la encargada de los talleres de Alaia, “mientras no se esperen manifestaciones de dolor demasiado exaltadas y violentas, cuando los niños comparten una situación importante con su familia, se sienten también importantes”.
Las claves
- Explicar la muerte con términos comprensibles y reales.
- Escuchar las inquietudes, los temores y las fantasías del niño.
- Hacerle saber que él no tiene la culpa.
- Que sepa que siempre habrá un adulto de confianza que le va a cuidar.
- Comunicarle que no tienen por qué morir pronto otros familiares significativos.
- Abrazarle, besarle, transmitirle todo el cariño posible.
- Asegurarle que volverá a sentirse bien.
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