El dolor sólo se supera con amor

Soy Antonio, el marido de María José. Ha sido ella precisamente la que me ha animado a entrar en este foro, a leer lo que todos vosotros habéis escrito y a escribir mis sentimientos. Hace ahora algo más de un año y diez meses que se fue nuestro Alejandro.

 Algunas veces me parece que apenas ha pasado tiempo y otras que ha sido toda una eternidad. Lo que sí tengo claro es que estos veintidós meses han sido de una enorme intensidad. Han sido unas experiencias tan fuertes, unos sentimientos tan profundos, que ya apenas nos parecemos a los que éramos antes. También he aprendido en este tiempo que no estamos solos, que hay personas que han pasado por lo mismo, y aunque eso no sirva de consuelo al enorme dolor que llevamos dentro, si que nos ayuda a seguir adelante.

En este tema los hombres somos más retraídos que las mujeres, nos cuesta más expresar nuestros sentimientos, llorar, quejarnos, admitir que nos encontramos mal y que necesitamos ayuda. Hace poco leía un texto de una mujer en nuestra misma situación que aludía a que su marido se había hecho el fuerte al inicio del duelo y que poco a poco fue necesitando ayuda. Es como si los hombres necesitáramos más tiempo para exteriorizar lo que sentimos.

 Pensando sobre este aspecto del duelo creo que lo que nos ocurre a los hombres se debe más al instinto que a la razón. Nuestro instinto es proteger a nuestros seres queridos y ante un duelo como estos, ante una pérdida tan desgarradora lo que queremos es proteger a los demás, a los que nos quedan aquí; no queremos perder a ningún miembro más. Es probable también que en el fondo haya un mucho de egoísmo. Si ya hemos perdido a un ser querido, no estamos dispuestos a perder a ninguno más y por eso, o al menos es lo que creo yo, actuamos como una especie de escudo ante el dolor y los problemas de los nuestros.

 En estos veintidós meses he aprendido a llorar, a sentirme mal; he aprendido que el dolor es tan fuerte que lo notas en el pecho, junto al corazón, que apenas te deja respirar. He aprendido a recordar momentos a los que en su día no les dí más importancia pero ahora recobran su auténtico valor. Yo solía llevar a mi hijo hasta Cáceres para que cogiera el autobús a Salamanca. En ese trayecto hablábamos. Ahora, guardo en mi memoria como si fueran tesoros inigualables esas conversaciones. Me contaba cómo estaba aprendiendo a pintar, a entender de verdad lo que es el dibujo; hablábamos de música, de arte, de sus amigos, de todo. Estos recuerdos se me mezclan con otros de cuando era pequeño y yo le recogía en el colegio o le llevaba a entrenar al fútbol, al baloncesto o a cualquiera de los muchos deportes que practicó. Ahora esos recuerdos son mi tesoro, algo que sólo yo he vivido y que sólo yo guardo en mi corazón y a los que no renunciaré nunca. Los guardo como quien guarda una colección de relojes muy valiosos, que cada poco tiempo los saca de la caja, los limpia y los pone en hora.

 También sé que los recuerdos son como los vamos construyendo y que igual se alejan poco a poco de la realidad, pero seguirán siendo mis recuerdos y mi verdad.

 He aprendido mucho en estos duros veintidós meses. He aprendido a recordar la forma de ver la vida que tenía mi hijo y a aprender de él. Como si fuera un libro de sentencias, recuerdo sus frases y descubro la sabiduría que encierran. Y yo que pensaba que éramos los padres los que enseñábamos a los hijos; hoy sé que no es así, que nosotros les educamos y ellos nos educan a nosotros también, nos van enseñando a mirar la vida de una manera diferente, sin tanto prejuicio, con la mente mucho más abierta.

 Eso es también algo que he aprendido, que teníamos demasiadas ideas preconcebidas sobre la vida, sobre el amor, sobre el dolor, sobre todo lo que nos rodea. Ahora sé que hay algo más allá de la muerte.

Simplemente lo sé, porque Alejandro está allí, esperándonos que nos reunamos con él. Y lo sé porque me lo dice, porque muchas mañanas, mientras voy en el autobús al trabajo, habla conmigo. Sé que se preocupa por nosotros, que está pendiente y sé, sobre todo, que quiere que estemos bien y que seamos lo más felices posible.

 Pero lo más importante que he aprendido en estos veintidós meses es que el dolor no se supera con más dolor, ni con odio, ni con angustia, ni con apatía, ni con cerrar los ojos y dejar de mirar. Sólo hay una cosa que te ayuda a superar el dolor y esa cosa es el amor. Ahora sé que amo mucho más que antes. Amo a mi mujer como nunca jamás la había amado; y lo que digo no es poca cosa ya que llevamos casi treinta años juntos amándonos intensamente, pero sé que ahora la amo más que nunca y sé que el amor que intento darle cada mañana es amor hacia ella, amor hacia Alejandro y amor para los cuatro. Y digo cuatro porque también amo con auténtica locura a Diana, nuestra hija, y sé que cada vez estamos más unidos los cuatros. Nosotros tres aquí, físicamente, y Alejandro aquí y allí, de una manera especial, pero con nosotros.

 Cuando se ha llorado tanto y se ha sentido que el dolor te impide respirar, descubres que el odio no merece la pena, que sólo el amor hacia los demás es lo que te permite seguir viviendo; viviendo una vida que ya sabes que no es más que un camino para encontrarte con él.

 Antonio – padre de Alejandro (Mérida)

2 comments on “Testimonio de un padre en duelo

  1. Hola Antonio, leo tu carta y me parece que podria haberla escrito yo, nuestra hija se fue el 24 de enero de 2015, se como es ese peso en el pecho, ese hueco del que salen suspiros a menudo, las lagrimas que ya no puedes salir porque no hay fuerzas, los recuerdos atesorados y tambien he aprendido muchisimo de ella e intento parecerme, mejorar.
    De repente siento una disposición por la vida que no he tenido nunca y compartimos el dolor con amor.
    Si, tambien creo que es el camino y la respuesta.
    Gracias por tu testimonio, te acompaño en tu dolor como se que haras con el mio porque me duele todo el sufrimiento ajeno.
    Un abrazo.
    Carlos

  2. GABRIEL
    Hola Antonio: Tu yo y otros hemos perdido a un ser querido por suicidio.
    Yo perdi a mi hija “Alicia” el 02- 11 – 15, esa es nuestra razón compartida.
    Lloramos con lagrimas de sangre – escribimos – participamos socialmente – hablamos – denunciamos el dolor de los que nos dejaron y el nuestro.
    ¿ POR QUE ? ¿ POR QUIEN ? SE FUERON
    Buenas preguntas ” son motivo de debate ”
    Ahora hablo de nuestra realidad diaria preguntandonos : ¿a donde vamos?, ¿por donde vamos?, ¿como vamos?, ¿cuando vamos?. ¿Que papel juegan en este tema nuestras instituciones?.” Otro motivo de debate”.
    Cada amanecer me despierto al ver la cruda realidad , cuando abro la puerta y la ventana de la habitacion de Alicia , se palpa el vacio en el ambiente . “Relampageantes silencios”- .
    Mis ensoñaciones positivas me transladan a la niñez de Alicia cuando me decia ¡ UPA PAPA ! indicandome que la subiera a mis hombros. Asi la sigo llevando; en mis hombros. En un transporte humano necesario para que ella navege por la eternidad. Y yo la digo al oido “Alicia eres libre. vuela hasta el cielo”.
    Ahora me translado a la realidad con mi inteligencia natural y continuo viviendo.
    Antonio cuando leas este texto, no lo se, pero si fluye alguna lagrima por tu mejilla no importa es un sentimiento humano.
    A nosotros sus padres tambien se nos han encharcados los ojos al leer el tuyo.
    Saludos de Gabriel.

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